Noticias de actualidad sobre el legado histórico, cultural y artístico de Al-Andalus.

jueves, 27 de marzo de 2014

La tumba de Boabdil

Salida de la familia de Boabdil de la Alhambra (1880), cuadro de Manuel Gómez-Moreno.

“Llora como una mujer lo que no supiste defender como hombre”.

Cuando un piensa en la caída de Granada, el último reino musulmán de la península, no puede evitar recordar las duras palabras de Aixa (عائشة), madre de Boabdil, cuando este abandonó su ciudad en dirección a las Alpujarras, territorio que según las Capitulaciones de Granada seguía estando bajo su poder. Aunque no está probado que Aixa pronunciase realmente esas palabras (de hecho es bastante probable que no las dijese), lo considero el mejor ejemplo para mostrar la concepción que quedó para la posteridad de Boabdil el Chico, último rey de Granada.

Muḥammad XII (ahora se cree que podría ser XI) “el Desdichado”, el rey que rindió Granada a los Reyes Católicos, el que abandonó su ciudad y su gente, marchando a Fez, donde vivió el resto de su vida. Es una figura que siempre se ha considerado cobarde, débil, una mancha en un largo linaje de nobles reyes que consiguieron mantener su territorio a pesar de la incesante presión de los reinos cristianos.

En la actualidad, un grupo de investigadores busca devolverle la dignidad a un personaje tan maltratado por la historia, reivindicándolo como político y negociador, que, con la rendición de Granada, consiguió salvar la Alhambra y el resto de la ciudad, junto con sus habitantes.

Qubba en la que se cree que está enterrado Boabil.
Imagen sacada del artículo del periódico ABC.
Este grupo, liderados por el cineasta Javier Balaguer[i] y el forense  Francisco Etxeberria[ii], localizó en 2013 en Fez la supuesta tumba de Bobadil, situada dentro de una antigua qubba, donde se han encontrado dos cuerpos[iii]. Uno de ellos sería el del rey granadino y el otro el de un hombre santo, Sidi Bel Kassem. Por otra parte, la Asociación Memoria de los Andalusíes ha denunciado el pésimo estado de conservación en el que se encuentra el lugar, cercano a la Puerta del Quemado, cubierto de basura, botellas y desechos.

El siguiente paso en esta investigación sería exhumar los restos del rey granadino para llevar a cabo pruebas de ADN, que se prevén difíciles, ya que es muy posible que se haya degradado debido a las condiciones ambientales. Aparte, el grupo de investigadores se enfrenta a la burocracia marroquí para conseguir los permisos para exhumar el cadáver, por un lado se encuentra el ministerio de Asuntos Islámicos y por otro el ministerio de Cultura, sin olvidar al ayuntamiento de Fez.

Al margen de la investigación que busca dar con los restos de Boabdil, Balaguer pretende realizar un documental sobre su figura y una película de ficción. Seguramente mostrará, aparte de sus últimos años como rey de Granada, sus intrigas políticas anteriores, como la sublevación contra su propio padre y su tío el Zagal (el Valiente), apoyándose en los Abencerrajes y en su madre Aixa, accediendo así al trono. Indudablemente veremos también su vida en Fez, donde vivió durante 40 años como huésped del sultán, trabajando para él y participando en batallas, muriendo en 1533.

No se puede negar que en la historia española Boabdil es un personaje que sale muy mal parado por su consideración de cobarde y débil, pero eso no implica que sea un personaje valiente y digno de admiración. Entre sus logros más destacados se encuentra, por supuesto, el haber salvado Granada y la Alhambra de la destrucción a la que se habrían visto sometidas si no hubiera rendido la ciudad, pero también hay que destacar que fue un político manipulador que buscó ante todo acceder al trono, enfrentándose a su padre y a su tío, mucho mejor considerado por la posteridad. Estas luchas internas no hicieron más que debilitar el reino nazarí de Granada y ponérselo en bandeja a los Reyes Católicos, los cuales aprovecharon la oportunidad para terminar con el reino musulmán.

Quizás no fuera tan pusilánime ni débil como siempre se le ha considerado (como se ve en su continuo servicio al sultán de Fez), pero probablemente tampoco fue el mejor rey que habría podido tener Granada en aquellos tiempos tan difíciles, por lo que habrá que ver hasta qué punto queda resarcida su figura con esta investigación.

Antón, Jacinto, “Un forense para Boabdil”, El País, 14-abril-2013, consultado el 27-marzo-2014 http://cultura.elpais.com/cultura/2013/04/04/actualidad/1365096820_289142.html
“En busca de la tumba de Boabdil”, ABC, 2-febrero-2013, consultado el 27-marzo-2014 http://www.abc.es/cultura/20130302/abci-buscan-tumba-boabdil-201303012121.html
Otazu, Javier, “La tumba de Boabdil yace bajo la basura”, ideal.es, 8-febrero-2013,  consultado el 27-marzo-2014 
http://www.ideal.es/granada/20140208/local/granada/tumba-boabdil-yace-bajo-201402080958.html




[i] Director de cine, guionista y fotógrafo español, nominado en 2001 como mejor director novel en los premios Goya, por su película “Solo mía”.
[ii] Antropólogo forense español, profesor de Medicina legal en la Universidad del País Vasco, famoso por sus trabajos en las fosas de la Guerra Civil y el caso de los hijos de José Bretón.
[iii] Siguiendo la información aportada por el historiador argelino al-Maqqarī (1578-1632), autor de una importante obra historiográfica sobre al-Andalus.

domingo, 9 de marzo de 2014

Al-Andalus y el nacionalismo andaluz.

El 18 de febrero, Nación Andaluza [i] (organización política independentista y socialista, cuya meta es lograr la liberación nacional de Andalucía y la liberación social de los andaluces) denunció que el ayuntamiento de Fuengirola [ii], presidido por Esperanza Oña, había quitado la bandera andaluza del castillo andalusí de Sohail, remplazándola por la bandera española.  Aunque esto sucedió en 2003, Nación Andaluza reclama que vulnera la Ley 14/2007 de Patrimonio Histórico de Andalucía [iii], ya que supone una contaminación visual claramente perceptible en buena parte de la localidad.

Castillo de Sohail. Imagen sacada del artículo sobre el Castillo de Sohail de Wikipedia.
En opinión de esta organización, la colocación de una bandera española en un monumento andalusí busca descontextualizar la interpretación histórica del monumento. Entre otras cosas, califica este acto de “tropelías hacia el patrimonio histórico y la memoria colectiva del Pueblo Andaluz”. Y yo me pregunto, ¿acaso el castillo de Sohail, ubicado en la desembocadura del río Fuengirola, pertenece únicamente a los andaluces? Porque, si es así, entonces el monasterio de San Lorenzo del Escorial le pertenece solo a los madrileños, la catedral de Burgos solo es de los burgaleses, la Sagrada Familia estaría a nombre de los catalanes y las cuevas de Altamira pertenecerían exclusivamente a los cántabros.

Los nacionalismos necesitan que un cierto territorio tenga una entidad propia y diferenciada a la del resto, y, para conseguirlo, buscan una serie de elementos que se hayan dado únicamente en ese lugar. El elemento diferenciador más claro de todos es la lengua, pero también lo son la cultura, el clima, la naturaleza, la gente, y, sobre todo, la historia. Nuestro pasado nos hace ser lo que somos, nos moldea y nos da una identidad. Esta es la razón por la cual (en mi opinión) se seguirá estudiando e investigando nuestro pasado, porque nunca estaremos seguros de quiénes somos en realidad.

El nacionalismo andaluz no posee un idioma propio (evidentemente existe un dialecto andaluz con características propias y diferenciadoras, pero que no llega la clasificación de lengua), pero eso no es un impedimento, para su desarrollo. En este caso, una de principales reivindicaciones de los nacionalistas andaluces como lo propio y diferenciador del resto de España es su pasado islámico.

La dominación musulmana de la península durante la época medieval ha dejado monumentos y edificios de enorme belleza, muchos de los cuales están considerados como Patrimonio de la Humanidad. Es cierto que las zonas que permanecieron durante más tiempo gobernadas por autoridades musulmanas pertenecen al actual territorio de Andalucía, por no hablar de las grandes ciudades que fueron las capitales de al-Andaus, Córdoba y Sevilla, o Granada, hogar de la Alhambra y capital del Reino nazarí de Granada, pero eso no significa que la única parte de la península que estuvo bajo el poder de los musulmanes fuera Andalucía.

Mapa de los primeros reinos de taifas. Imagen sacada del artículo sobre
los primeros reinos de taifas de la Wikipedia.
Como podemos ver en la imagen, ni siquiera durante las taifas el territorio de al-Andalus estaba restringido únicamente a Andalucía. De hecho, las taifas más poderosas fueron las de Badajoz, Toledo, Zaragoza y Sevilla, y, en todas estas ciudades, quedan restos de la arquitectura, la historia, la cultura, el arte, la ciencia y la literatura árabe.

Por mucho que a los nacionalistas andaluces les guste considerar al-Andalus como influencia y pasado histórico exclusivo de Andalucía, lo cierto es que la historia andalusí es un legado cultural perteneciente a todos los habitantes de la península (Portugal incluido), que ha marcado nuestra cultura en todos los ámbitos posibles, y que debería ser reconocido, aceptado y defendido por todos nosotros, no solo por los andaluces. Por ello, siento discrepar con Nación Andaluza, pues por colocar una bandera española en un monumento andalusí no se cambia la interpretación histórica de dicho monumento, y, en cualquier caso, ese monumento no pertenece exclusivamente al pueblo andaluz, sino a todos los españoles.



[i] El link está dirigido a la página web de Nación Andaluza, en concreto a su página de presentación, en la que se definen a ellos mismos, sus fines y los conceptos que defienden.
[ii] El link va dirigido a la noticia sobre el castillo de Sohail en la página web de Nación Andaluza, aunque no es el único lugar donde se puede encontrar. Añado aquí la página Kaos en la red, donde también sale el mismo artículo.
[iii] He encontrado en Internet dicha ley, que he añadido por si a alguien le interesa. 

domingo, 2 de marzo de 2014

¿De quién es la Mezquita-Catedral?

Vista aérea de la Mezquita-Catedral de Córdoba. Imagen sacada del artículo sobre la Capilla Real de la Mezquita-Catedral de Córdoba de Wikipedia
En 1236, Córdoba fue conquistada después de un largo asedio, por el rey Fernando III de Castilla, llamado el Santo. Era ya el período de taifas. Desde la época de los almohades Córdoba había dejado de ser la capital del reino musulmán (que se trasladó a Sevilla), iniciándose una lenta decadencia que finalizó con la conquista cristiana de la ciudad. Los cordobeses rindieron la ciudad con la condición de que sus vidas fueran respetadas cuando salieran de Córdoba, y abandonaron la antigua capital califal en búsqueda de un nuevo lugar en el que vivir de acuerdo a sus costumbres y religión.

Esto significaba dejar atrás la Mezquita de Córdoba, una de las grandes maravillas arquitectónicas y artísticas del mundo musulmán, que, a día de hoy, sigue asombrando a todo aquel que la visita. Como era natural y razonable, la Iglesia no tardó en convertir la mezquita en la Catedral de Córdoba, al tiempo que se construían otras nuevas iglesias en los territorios recientemente conquistados. Con el paso del tiempo, la Mezquita-Catedral fue sufriendo cambios y alteraciones para adaptarla al culto cristiano que han llegado hasta nuestros días, como es el caso de la Capilla Real (donde se sepultó a Fernando IV y Alfonso XI) y la gran nave cristiana levantada en medio de la mezquita, de estilo renacentista.

Durante todo ese tiempo y hasta nuestros días, ha sido la Iglesia Católica la que se ha encargado de la Mezquita-Catedral, utilizándola como lugar de culto católico, prohibiendo que cualquier otra clase de culto se pudiera realizar en el recinto.

Pero la Mezquita-Catedral no es una iglesia cualquiera, sino que es un monumento de nuestra historia y nuestra cultura, de ese momento en el que las tres grandes religiones monoteístas convivían en la península, donde se desarrollaron la literatura, la filosofía, las ciencias, el arte… ese Al-Andalus sobre el que tanto se ha escrito y se escribirá. Por ello y por su inmenso valor artístico, se le concedió a la Mezquita-Catedral de Córdoba el título de Patrimonio de la Humanidad en 1984[1], reconociendo así su importancia universal.

El 2 de marzo de 2006, la Iglesia Católica registró la Mezquita-Catedral  a su nombre por treinta euros en el registro de la propiedad número 4 de Córdoba[2]. Recientemente ha surgido un grupo ciudadano que exige la intervención de la Unesco para evitar que la Mezquita-Catedral, como bien público y universal que es, no quede bajo la gestión de la Iglesia Católica. Esta plataforma, llamada Plataforma Mezquita-Catedral de Córdoba, ha lanzado una petición por change.org para recoger firmas, con las siguientes exigencias:

  •           Que deje de emplearse institucionalmente solo el término Catedral para referirse a todo el monumento
  •             El reconocimiento jurídico de su titularidad pública.
  •             La gestión pública y transparente de la Mezquita-Catedral. 
  •             La redacción de un Código de Buenas Prácticas.[3]

No es la única plataforma que buscan apoyo ciudadano en este tema; a favor de la gestión de la iglesia ha surgido una plataforma en Hazteoir.org, expresando su desacuerdo con lo que consideran una expropiación de la Catedral de Córdoba[4], mientras que la plataforma Europa Laica también recoge firmas a favor de una Mezquita pública y de uso civil[5].

Al margen de las discusiones sobre la legalidad de la ley en la que se amparó la Iglesia Católica para inmatricular la Mezquita-Catedral, el debate entre los partidos sobre el tema (el PSOE, que gobierna en la Junta de Andalucía, afirma que “la mezquita es del pueblo”[6], aunque Susana Díaz, presidenta de la Junta, dijo que  “La titularidad pública es compatible con la gestión por parte de la Iglesia”[7]. Por su parte, el PP defiende la gestión por parte de la Iglesia), y el dinero que otorga la Mezquita-Catedral por su condición de monumento, que estaría exento de impuestos[8], no se puede negar que esta discusión va más allá de las discusiones meramente ideológicas sobre la conveniencia de que una institución privada y confesional, como es la Iglesia Católica (en este caso el Cabildo Catedral es el que gestiona la Mezquita-Catedral), se encargue de la gestión de un monumento considerado Patrimonio Universal.

La pregunta es, ¿será capaz la Iglesia Católica de gestionar la Mezquita-Catedral como un monumento universal representativo de la historia y la cultura de nuestro país? No hay que olvidar que la Mezquita-Catedral es uno de los mejores ejemplos del arte islámico de la península, que prima sobre las construcciones posteriores cristianas, y que es lo que realmente atrae a las personas que la visitan. Su importancia dentro de la Córdoba califal es fundamental, a través de las intervenciones y ampliaciones que sufrió se puede observar cómo la ciudad aumentaba en importancia y esplendor, y con ella la propia mezquita.

Por nuestro país hay decenas de ejemplos de construcciones musulmanas que pasaron a ser utilizadas posteriormente por los cristianos, como es el caso de la Giralda de Sevilla o la Torre del Oro en la misma ciudad, y, al igual que la Mezquita-Catedral, son construcciones artísticas de increíble valor, que además constituyen un valor único para nuestra historia. Ignorar el pasado de estos edificios por causas ideológicas no es aceptable, no se puede imponer una visión cultural e histórica de este patrimonio común, sobre todo en un lugar que será visitado por miles de turistas de todo el mundo, desconocedores de la historia de nuestro país. Al visitar la Mezquita-Catedral (ahora llamada solo Catedral de Córdoba) siguiendo un recorrido religioso en vez de cultural, podrían llevarse una visión incompleta y errónea del legado que dejaron los musulmanes en la península.

Las discusiones y debates están a la orden del día y en pleno auge, lo ideal sería llegar a una gestión que protegiese tanto la Mezquita-Catedral en sí como la memoria histórica que hay detrás, lo que no implica “borrar la dimensión cristiana del espacio”, como dijo el historiador marroquí Hasán Aurid[9], que comparó la Mezquita-Catedral con Santa Sofía de Constantinopla, que sufrió el proceso inverso, pasó de ser la gran basílica de la ciudad a ser una mezquita, y luego museo hasta nuestros días.